Narrado por Liam Donovan
El frío era absoluto. Podía sentir el olor metálico del hospital y el zumbido eléctrico de las máquinas de reanimación perforándome los oídos. En mi mente, el tiempo se había detenido de nuevo en aquel pasillo de Londres. Veía a Dominic golpeando las paredes hasta sangrar y a Spencer derrumbado como un gigante de hielo que finalmente se había quebrado. Pero lo peor era la imagen de ella: Mia, pálida, inerte, una muñeca de porcelana rota por el peso de una soledad que yo