Narrado por Liam Donovan
La sala de interrogatorios de la comisaría de Bishopsgate olía a café barato, humedad y el aroma metálico de la sangre que se secaba en mis nudillos. El zumbido de la luz fluorescente era lo único que llenaba el silencio, marcando el ritmo de mis propios latidos, que ya habían recuperado su cadencia fría y militar. Tenía las manos esposadas a la mesa de metal, una restricción que me resultaba casi cómi