Narrado por Mia Blackwood
El humor que me cargaba no era humano. La falta de esa "ayuda" química me hacía sentir como si tuviera lija por debajo de los párpados y un ejército de hormigas recorriéndome los nervios. Cada sonido me irritaba, cada luz me cegaba, y la presencia de Liam —silenciosa, constante, como una sombra reprochatoria— era el combustible de mi ira.
Estábamos de vuelta en la mansión después de un día desastroso en la facultad. Estaba en la sala principal, moviéndome de un lado a