Narrado por Liam Donovan
Después de que Spencer me soltara un sermón cargado de advertencias sobre los límites y la fragilidad mental de su hermana, subí las escaleras. Mi pecho seguía ardiendo por el contacto de sus labios y mi mente era un campo de batalla. Sabía que debía alejarme, pero la fuerza de atracción que Mia ejercía sobre mí era gravitatoria.
Llamé a su puerta. No hubo respuesta, así que entré.
Mia estaba sentada al borde de la cama, dándome la espalda. Sus hombros subían y bajaban