El paisaje empezó a borrarse. Los árboles eran manchas verdes y el mar a nuestra izquierda era un lienzo azul oscuro y furioso. Julian sacó una petaca de su chaqueta y tomó un trago largo antes de ofrecérmela. El whisky quemó mi garganta, pero me hizo sentir viva, eléctrica.
De repente, el ambiente cambió. Las primeras gotas de lluvia empezaron a golpear el parabrisas, convirtiendo el asfalto en una pista de patinaje negra y brillante.
—Julian, frena un poco, está empezando a llover —dijo uno d