Narrado por Liam Donovan
Las horas en el hospital tienen una forma perversa de dilatarse. El tic-tac del reloj de la pared parece sincronizarse con el monitor cardíaco de Mia, recordándome en cada segundo que ella está en un lugar donde yo no puedo entrar para protegerla. Me siento en la silla de metal, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza entre las manos. Soy un soldado sin campo de batalla, un guardaespaldas que ha fallado en la única misión que realmente importaba.
Mi teléfono