Narrado por Liam Donovan
El sonido no fue solo un estruendo; fue el final de todo. El impacto me golpeó en el costado con la fuerza de un mazo de hierro, un calor abrasador que se transformó en un frío ártico en cuestión de milisegundos. Mis pulmones se olvidaron de cómo procesar el aire. El mundo se inclinó, el suelo de cemento subió a mi encuentro y, por un instante, el silencio fue absoluto.
—¡LIAM! —el grito de Mia rasgó la penumbra, un sonido tan cargado de agonía que me dolió más que l