Narrado por Mia Blackwood
El mundo se detuvo en el preciso instante en que la mano de Liam cayó sobre el cemento, inerte. Sus ojos azules, que siempre habían sido mi faro y mi refugio, se cerraron lentamente, apagándose como una vela en medio de una tormenta. Un vacío ensordecedor se instaló en mi pecho, un dolor tan agudo que por un momento pensé que mi propio corazón se había partido físicamente a la mitad.
—¡LIAM! —mi grito nació desde lo más profundo de mis entrañas, pero cuando intenté