Me arrodillé frente a él para estar a su misma altura, su mirada seguía perdida mirando a todos lados en busca de una respuesta. Los minutos pasaron y el olor de la sangre me comenzaba a marear.
—¿Cuánto tiempo ha pasado? —preguntó Nathan.
—Una hora, necesito que te cambies, no soporto el olor.
—Lo lamento, es solo que…
—No entiendo —lo interrumpí y me miró sorprendido—. Me refiero a tu comportamiento, mencionaste que ya habías hecho esto antes, pero actúas como si fuera tu primera vez y como s