—Los golpes no mejorarán nada, ella se pondrá más terca de lo normal —dijo Nathan.
—¿Ahora la proteges de mí? —dijo Jaime furioso.
—Señor, usted me pidió cuidarla y si debo hacerlo de usted lo haré.
—No seas estúpido, yo tengo control sobre ella y como quiera.
—Déjalo —dije mientras lo apartaba a Nathan—, que haga lo que quiera. Sabía que no decía la verdad sobre ser el padre estrella y recuperar a su hija, todo era una mentira desde el inicio.
—Hija, no era lo que tenía en mente, no me pude co