No sé en qué momento Nathan salió de mi habitación, era de mañana y me levanté sola en la cama, no sentía dolor en el brazo y hombro, pero si podía sentir mi mejilla hinchada, esto no se va a ver bien, me dije a mí misma. Me dirigí a la puerta y llamé a Lupe para que me pudiera ayudar a cambiarme, pero en su lugar contestó Nathan.
—¿Señorita Adriana? —preguntó al subir las escaleras.
—¿Dónde está Lupe?
—Salió con Daniel.
—¿Y Jaime?
—Salieron los tres y no regresarán hasta la noche.
—Genial, ent