El olor a gasolina comenzó a filtrarse por los conductos de ventilación, una advertencia invisible pero letal de que Julián hablaba en serio. Damián se levantó de la cama con la agilidad de un depredador que sabe que su territorio ha sido invadido. A pesar del placer que aún latía en sus venas, su mente había vuelto a ese estado de frialdad quirúrgica que lo había hecho millonario.
Elena se envolvió en una de las sábanas de seda negra, temblando no de frío, sino de la inminencia del fuego. —¿Có