Seis meses después del incendio, el nombre de Damián Blackstone seguía siendo un susurro de poder en los círculos financieros, pero el hombre mismo se había convertido en un fantasma. La mansión de cristal era ahora una ruina de mármol negro, un monumento al hombre que Damián solía ser.
Ahora, la vida ocurría en una villa privada en la costa de Amalfi, Italia. Un lugar donde el sol era real, el contacto era constante y las sombras no servían para esconderse, sino para amarse.
Damián estaba de p