POV: ELENA
El frío del metal de la mesa de trabajo todavía parecía quemarme la piel mucho después de que Damián me subiera de nuevo a la habitación. Me había dejado allí, envuelta en las sábanas, con un beso en la frente que se sintió como una bendición y una sentencia al mismo tiempo. Él decía que me amaba, que me protegía, pero el olor a desinfectante del sótano se había quedado pegado a mi pituitaria, recordándome que el hombre que dormía a mi lado era capaz de una violencia metódica y silen