POV: ELENA
El sol de Amalfi entraba por los ventanales con una crueldad brillante, iluminando cada rincón de la suite. Me desperté con esa extraña sensación de pesadez en el pecho, una mezcla de agotamiento físico y una alerta instintiva que no lograba silenciar. A mi lado, la cama estaba vacía, pero la sábana aún conservaba el calor de Damián.
Me puse su camisa de lino, que me quedaba enorme, y caminé descalza por la habitación. Desde que llegamos a Italia, Damián se había vuelto... diferente.