El sol de la costa de Amalfi debería haber sido suficiente para calentar a cualquier hombre, pero Damián Blackstone sentía un frío glacial que solo se calmaba cuando su piel estaba en contacto directo con la de Elena. La obsesión que antes vivía tras un cristal unidireccional había mutado en algo mucho más oscuro y tangible. Ahora, su amor no era una debilidad; era un arma cargada.
Hacía tres días que Damián había detectado a un infiltrado en los jardines de la villa. No era Julián, sino un mer