No pude resistirlo más y me puse a llorar, me siento tan mal en estos momentos, la presión está acabando conmigo. Detengo mi llanto cuando escucho unas pisadas a mis espaldas, enseguida miré por encima de mi hombro y vi una armadura reluciendo bajo los rayos de la luna.
—Señorita Ginebra, que.... ¿Qué hace aquí? Usted debería estar en la fiesta, hoy se compromete con el rey— Se acerca a mí a paso apresurado y extendiendo su mano en mi dirección. —Acompáñeme por favor, la llevaré al palacio.
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