Siento que algo se posa sobre mi pecho y bajo la mirada, los ojos llenos de angustia de mi mujer me regresan a la realidad, ella ha posado sus pequeñas manos sobre mí y trata de empujarme.
Tomo un poco de aire y suelto al lobo, ella enseguida se acerca a él, acaricia con ternura su cabeza y se disculpa con él repetidas veces. Luego se levanta del suelo y se gira hacia mí, ella todavía está temblando.
—Gracias por auxiliarme— Su voz es temblorosa y se nota que tiene ganas de llorar.
—¿Estas bien