— ¿Me creerías si te digo, Juan, que he dormido sola en esa cama más años de los que quiero recordar? ¿Qué después que enviude nunca le pedí a un hombre que me hiciera el amor, como te lo estoy pidiendo ahora a ti?
Juan se sentó en la cama, como si sus piernas hubieran cedido bajo su peso.
—Consideraba que tenía que esperar —respondió inquieto—, tratar de no apresurar las cosas…
— ¿Por qué? —se puso de pie ante él, desatando las cintas que aseguraban el vestido por la cintura—. Tengo veintioch