—¡No quería que empezaras! Tu ego inflado tenía que demostrar el “Soy un hombre grande y fuerte, y tú solo una débil mujercita”.
—¿Eso crees? Bueno, quizás también ha demostrado otra cosa, que no luchas solo para alejarme de mis hijos, Daniela. ¡Luchas contra ti misma!
—¡Eso es ridículo! —rio con desdén.
—Piénsalo. Recuerda cómo negaste que soy el padre de Lucas. En cómo reniegas de lo que sentiste aquella noche en Brasil. Tú estabas allí. Participaste —dijo brutalmente—. Y ahora estás luchando