Capítulo 58

~Alana~

Regresamos a la mansión mientras la lluvia allá afuera arreciaba. Las pareces brindaban seguridad y la chimenea en la habitación calentaba nuestros cuerpos fríos.

Estábamos sentados frente a ella, con gasas llenas de sangre esparcidas por la alfombra. Las heridas de Dominic no sanaban, no dejaban de sangrar y eso me preocupaba.

Había sido infligido para hacerle daño, para dejarlo marcado.

—¿Qué te han dicho los sanadores?

—Hasta que la plata no sea removida, no voy a sanar, pero por más
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