~Damien~
Era ella, siempre fue ella y ahora puedo verlo más que claro. Su hermoso pelaje blanco brilla para mí como nunca lo había visto.
Mi lobo avanza al frente, mirando a su compañera con tanta satisfacción que sus pensamientos de marcarla se ven reflejados en mis colmillos ligeramente alargados.
Quería acercarme a ella, abrazarla, reclamarla en todos los malditos sentidos como siempre debió ser, pero fue al ver cómo se giró hacia mí, mostrándome los colmillos, que supe que ella no me quería.
Y ni la culpo; yo la alejé, fui cruel con mis palabras, creí en mentiras, en pruebas que, una vez que las descubrí, no hice nada.
Sin embargo, la había encontrado; era mía nuevamente, lo sería. No importa que lleve la marca de otro, muy pronto será la mía la que muestre con orgullo; será mi olor el que lleve su cuerpo y no el de él.
«Mia», afirmó mi lobo, sin querer apartar la mirada, y claro que lo era, pero ahora tenía que comenzar a jugar bien mis cartas.
Miré de reojo a mi padre; podía ver