La sensación de soñar con una cosa así le causo mucha impresión.
Levantó en el sueño entonces la mano y dio un manotazo al bicho.
El bicho desapareció, y ella quiso seguir durmiendo.
Y el condenado gusano era en realidad César que esporádicamente y durante la noche le beso el cuello de Lorena.
Toda la noche anterior no pudo dormir bien. Aunque sus cuerpos no se tocaban, escuchaba constantemente a Lorena respirar en su oído.
Aguantó hasta la mañana, pero finalmente no pudo más.
Quería tener inti