—Está bien —aceptó Álvaro.
—Es una buena chance para practicar.
—¿Y yo? —preguntó Andi, con cara de “¿y a mí qué me toca?”, viendo que todos tenían algo que hacer menos él.
—Tú… mejor sigue estudiando. Cuando entiendas más de esto, también vas a poder ayudar —le dijo Álvaro.
Andi bajó la cabeza, apagado. Por primera vez se sintió como si sobrara, como si no sirviera para nada.
—Entonces me voy al hospital con mami. Si no puedo hacer otra cosa, al menos quiero estar con ella. A lo mejor así se re