Por suerte, esa habitación era privada. No había más pacientes alrededor.
Saúl, recién levantado, la abrazó otra vez. La cama era pequeña, casi no cabían, y ahí estaban los dos, pegados el uno al otro.
Teresa, incómoda, apartó su brazo de un empujón. Con la otra mano, buscó su celular para ver la hora.
"¡Déjame en paz!" dijo, dejando claro lo molesta que estaba.
Saúl, sin pensarlo, le arrebató el celular de un tirón. Se sentó en la cama, completamente desnudo, sin ningún pudor, y la miró de fren