—¿Puedo entrar a verlo? — La voz de César era algo débil y cansada.
—Sí, pasa —respondió Ricardo, también afectado por el estrés y la falta de sueño.
Lo observó entrar. Unos minutos después, César dejó a dos guardaespaldas en la puerta y regresó a la oficina de Ricardo.
Apenas entró, fue recibido con una lluvia de reproches por parte de Marina:
—¿No dijiste que me lo jurabas por tu mamá que César no volvería hoy? ¿Y qué pasó? ¡Por poco nos pilla!
—Tranquila, tranquila —Ricardo, temiendo que se q