Por la tarde.
En la oficina de César, Andi despertó en el sofá y se sentó, frotándose los ojos con sus pequeñas manos.
Cuando abrió los ojos por completo y miró a su alrededor, la oficina estaba vacía. César no estaba por ningún lado.
Andi se puso sus zapatos y corrió a la puerta, empujándola para abrirla.
—¿César donde estas?
Pasó por la oficina del presidente y vio a muchas personas trabajando sin parar. Una secretaria le señaló la dirección, así que siguió el pasillo hasta llegar a