Apenas dio dos pasos cuando Natalia la agarró fuerte del brazo.
—¡Detente ahora mismo!
Gritó furiosa, pensando que Perla iba a delatarla.
El tirón fue tan fuerte que Perla perdió el equilibrio por un momento y su cuerpo se detuvo de golpe.
Pero, lo peor fue lo que pasó después.
La copa que Natalia tenía en la otra mano se derramó sobre su espalda.
Tenía vino tinto.
El líquido rojo resbaló por la piel clara de Perla, manchando el delicado vestido color beige que llevaba puesto.
La