Marina ya no quería seguir de compras, así que decidió llevar a Andi directo a cenar. Sin embargo, Andi se detuvo de golpe y la miró con ojos llenos de reproche.
—Tía, ¿no me prometiste que, si te ayudaba con el labial, me llevarías a jugar videojuegos?
Marina asintió sin dudar.
—Sí, te lo prometí. ¿Entonces qué quieres primero? ¿Jugar o cenar?
—¡Claro que jugar! —respondió Andi sin pensarlo.
—Vale.
Cuando subían por las escaleras eléctricas hacia la plazoleta de comidas, pasaron por