Orión miró a Andi y pensó que esta vez, cuando le pidió a su hermano que engañara a su mamá, seguro los habían descubierto.
Andi le suplicó a su hermano con la mirada, pero Orión no le hizo caso. Era hora de que su hermano aprendiera una buena lección.
Después de despedirse de su mamá, salió de la habitación de los niños y entró al cuarto con computadora de su tío.
César y Ricardo salieron juntos de la sala de reuniones.
—Ya terminamos, ¿podemos volver mañana? —preguntó Ricardo.
—Pasad