En Valle Motoso
César y Ricardo acababan de terminar una mañana de trabajo en un hospital en el centro de la ciudad. Cuando salieron por la puerta principal, un niño corrió desde el otro lado de la calle hacia ellos.
—Hola, ¿me pueden ayudar? Estoy perdido, ¿puedo usar su celular para llamarla?
Era Ander. Desde lejos ya había visto a esos dos hombres, y uno de ellos le pareció muy guapo. ¡Perfecto para mamá!
—Uy, ¿y de dónde saliste? —dijo Ricardo, acercándose y tocando la cabeza de Ander.