—¡Hola, tía!
La voz de Ander salió del celular.
Marina detuvo la mano que iba a abrir la puerta, y su corazón se apretó como si estuviera en caída libre.
Al escuchar la voz de Ander, por fin se calmó.
—Ander, ¿dónde te fuiste? ¿Sabes cuánto me preocupé por ti? —Marina sentía miedo; si algo le pasaba a Ander, ¿cómo iba a darle la cara a su hermana y a la familia?
—Ok.
Ander movió sus ojos grandes, nervioso y preguntándose qué hacer. Parecía que su tía estaba molesta.
César y Ricardo