Las palabras de Teresa fueron cortadas de golpe por la voz resonante de César.
—No estás bien de salud. Voy a poner a alguien que te lleve a casa.
Teresa no podía quedarse aquí. Si Lorena regresaba y la veía, se enojaría. Ella se pondría celosa. Cuando Lorena volviera, él no la alteraría más. Las mujeres embarazadas no debían alterarse ni enojarse. No, incluso después de que diera a luz, él no la haría enfadar nunca más.
Si ella no quería guardaespaldas, él no los contrataría. Si quería ca