—Jejeje, señorita Balan, solo unos días sin verte, y sigues siendo igual de rebelde —dijo el hombre con una voz satisfecha.
—¿En serio intentaste escapar? Parece que no tienes idea de dónde estamos.
Por las cámaras de vigilancia, Él había visto a Lorena buscar algo en la habitación.
Después de tantas mujeres dóciles, ahora lo que le divertía era domar a las rebeldes.
Al ver que Guillermo era el que entraba por la puerta, Lorena sintió a su corazón hundirse, con cada latido siendo como un dispar