El agua hirviente de la grieta volcánica reaccionó de inmediato al entrar en contacto con la raíz de la isla. Una densa nube de burbujas de color violeta purpúreo comenzó a expandirse por el centro de mando de La Ballena, chocando contra los filamentos rojos que tapizaban las paredes de titanio.
El siseo fue ensordecedor. Las venas vegetales que controlaban el submarino comenzaron a retorcerse, contrayéndose violentamente como si el antídoto fuera ácido puro. El brillo carmesí de los frutos mut