El cielo de ese dia en especial estaba encapotado, como si adivinara lo que estaba por venir. La luz era suave, apenas filtrándose entre las nubes, como una promesa que no terminaba de cumplirse. La tierra húmeda aún conservaba rastros de la tormenta de días atrás, y el aire tenía ese olor entre dulce y a tierra mojada que lo envolvía todo con un dejo de melancolía.
Selene estaba en el porche, sentada con una taza de café entre las manos. No lo bebía. Solo lo sostenía, como si el calor que des