—Bueno, no lo pienses mucho. La oferta no es indefinida —dice, y se levanta de la mesa—. Tengo una reunión. Te dejaré consultarlo con la almohada.
Con eso, me deja sola en el comedor. Da un portazo tan fuerte que hace temblar la lámpara de araña y yo doy un respingo.
Mierda, creo. Eso no salió como lo había planeado. No puedo controlar mis emociones cerca de él. Pero resultó que me invitó a cenar. Estoy más cerca de la puerta principal y tal vez si tengo suerte, Carl todavía está arriba. Cu