Las semanas que siguieron fueron una verdadera aventura. Francesco e Isabella pasaban los días en casa disfrutando de su pequeño y las noches pasaban entre arrullos, cambios de pañal y canciones de cuna. Ambos estaban tan comprometidos que Francesco atendía al bebe para que Isabella descansara. Muchas veces, amanecía dormido con el bebe sobre su pecho.
Una de tantas mañanas, Isabella despertó y allí estaba Francesco justo a su lado con el bebe sobre su pecho. Ambos estaban sumergidos en un sueño