El rugido de los motores anunció la llegada de los autos a la Mansión Rossi. Las luces de los faros iluminaron la fachada con destellos intermitentes mientras los autos se detenían bruscamente frente a la entrada principal. Antes de que alguien pudiera reaccionar, Francesco emergió del vehículo, con Isabella.
Las puertas de la Mansión Rossi se abrieron de golpe, dejando entrar a Francesco con Isabella en brazos. Su camisa estaba manchada de sangre seca y pólvora, pero no le importaba. Su única