El silencio en las ruinas de Nicastrello fue interrumpido por el leve silbido de un cuchillo atravesando la oscuridad. El hombre en el balcón apenas tuvo tiempo de llevarse una mano a la garganta antes de desplomarse sin un sonido. En el techo, su compañero cayó segundos después, una bala bien colocada entre ceja y ceja.
—Parte alta asegurada —susurró Michelangelo a través del comunicador.
Francesco asintió en la penumbra, el frío de la noche se mezclaba con el calor de la adrenalina en su piel