El ruido de los autos en la entrada de la mansión alertó a los presentes que continuaban en la sala esperando noticias. Francesco entró a la mansión con pasos firmes y una mirada que parecía tallada en piedra. El cansancio pesaba en sus hombros, pero la rabia lo mantenía de pie. Apenas cruzó la entrada, el abuelo, Leonardo, Charly y Alessa se acercaron de inmediato, sus rostros tensos por la incertidumbre.
— ¿Alguna novedad? —preguntó Leonardo, su voz grave.
Francesco suspiró y pasó una mano po