El apartamento olía a pintura y a la vida de otra persona.
Leighton estaba de pie en medio del salón vacío. Un dormitorio. Una cocina diminuta. Un baño con manchas de humedad en el techo. Era todo lo que podía permitirse con su nuevo sueldo. Todo lo que merecía, al parecer.
Sus cajas estaban apiladas contra la pared. Sin abrir. Llevaba tres días aquí y no encontraba energía para deshacer el equipaje.
El teléfono estaba en la encimera. Apagado. En silencio. Había leído los mensajes de Noah cincu