La noche había caído con un peso opresivo sobre la ciudad. Luciana y Alexander se quedaron en su apartamento, sentados frente a la nota anónima como si fuera un detonador a punto de explotar. Sabían que el siguiente paso sería peligroso, pero retroceder ya no era una opción.
—Si Aurora no era su verdadero nombre, ¿qué más me ocultó? —murmuró Alexander, su voz cargada de una mezcla de furia y frustración contenida.
Luciana se levantó, incapaz de quedarse quieta.
—Javier debe saber más de lo que