Luciana sintió el calor de Alexander envolviéndola mientras el beso se intensificaba, cada caricia, cada roce, llevando consigo la verdad que habían negado durante tanto tiempo. Por fin, después de semanas de tensión, miedo e indecisión, no había más palabras.
Solo ellos.
Alexander deslizó sus manos con suavidad por su cintura, acercándola más, como si temiera que si la soltaba, ella desaparecería. Pero esta vez, Luciana no iba a huir.
Porque esta vez, estaba segura.
Cuando sus labios se separa