Luciana sentía el viento frío golpear su rostro mientras caminaba por la acera, alejándose del café donde su mundo acababa de colapsar.
Las palabras de Alexander aún latían en su cabeza.
—Te amo, Luciana. No porque seas mi historia, sino porque sin ti, no sé cómo seguir escribiendo la mía.
Pero también estaban las de Javier.
—Mereces algo más que un hombre que no puede decidir si te ama o solo te escribe.
Dos verdades. Dos caminos.
Y ella estaba en medio, sin saber cuál elegir.
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Alexander en e