El sol apenas comenzaba a filtrarse por las cortinas cuando Luciana despertó. La calidez de Alexander aún la envolvía, su cuerpo relajado contra el suyo, su respiración tranquila y acompasada.
Era la primera vez que lo veía dormir sin rastros de tensión en su rostro. Parecía en paz.
Luciana sonrió suavemente y deslizó sus dedos por su cabello despeinado. Era irónico que, después de tantos meses de lucha interna, de negación y de miedo, ahora se sintiera tan… correcto.
Pero la paz no podía