La casa estaba en calma, pero dentro de Luciana, todo era un torbellino.
Había elegido.
A pesar de los miedos. A pesar de las dudas. A pesar de lo que había descubierto en el manuscrito de Alexander.
Ahora, él era su elección.
Pero ¿era suficiente solo elegirlo?
Mientras preparaba café en la cocina, sentía el peso de la noche anterior en su piel, en su pecho, en la forma en que sus pensamientos se negaban a calmarse. Había dormido junto a Alexander, pero el verdadero reto no era compartir una c