Luciana se despertó antes de que el sol asomara por el horizonte. El peso de la noche anterior aún flotaba en su pecho. Algo dentro de ella había cambiado. Ya no era solo la asistente de Alexander, la aprendiz en su mundo de tinta y letras. Ahora, estaba construyendo su propio camino, aunque eso significara alejarse de él.
Mientras el café burbujeaba en la cafetera, su teléfono vibró sobre la mesa.
—Richard: “Hoy te quiero en mi oficina a las 10. Espero que hayas leído el libro.”
Luciana sonrió