La atmósfera en la habitación era sofocante, cargada de tensión y peligro. Eleanor permanecía inmóvil, observando a Alexander y Luciana con frialdad mientras sus dos hombres avanzaban lentamente hacia ellos.
Alexander sintió cómo Luciana se tensaba a su lado, pero mantuvo firmemente entrelazados sus dedos con los de ella, decidido a protegerla a toda costa. Sabía que Eleanor estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de evitar que la verdad saliera a la luz. Pero también sabía que no podía ceder