El problema con las emociones que se reprimen durante demasiado tiempo es que no desaparecen.
Se acumulan.
Se organizan en silencio.
Y, en el momento menos conveniente, encuentran la forma de salir a la superficie con una intensidad que ya no puede ignorarse.
Diego lo entendió cuando cerró la puerta del despacho y se apoyó contra ella, como si ese simple gesto pudiera contener todo lo que estaba sintiendo.
Pero no podía.
No después de lo ocurrido.
No después de Elena.
El silencio entre ellos no